diumenge, 15 de febrer del 2015

¡Viva la democracia!



Ya va siendo hora de hablar un poco de política.

Quiero centrarme hoy en uno de los argumentos más manidos por parte de los representantes de aquellos partidos que quieren cambiar el panorama político en el conjunto de España. Sí, en efecto. Hablo de Podemos, Ciudadanos, plataformas tipo Ganemos, etc. Me refiero a la defensa de todos estos proyectos como candidaturas democráticas. “Queremos una regeneración democrática”; “los partidos viejos no son democráticos”; “me gusta la democracia, dame más democracia”.

Y yo me pregunto, sentado en mi sofá, tomando un refrigerio. ¿Lo que espero de mis gobernantes es que sean democráticos? ¿El objetivo de un buen político es, fundamentalmente, en todas y cada una de sus acciones, representar adecuadamente la voluntad del pueblo que lo elige? Rotunda y categóricamente NO. La democracia no es el fin sino el medio. ¡Acabáramos! ¿Os imagináis un programa político cuyo contenido fuese “haremos lo que diga el pueblo”? ¿Es posible ser más cínico? No quiero meter a Gödel en esto, pero no me seducen los programas autorreferenciales. Un programa, un partido político, debe defender ideas, propuestas y planes de acción, en los que la opinión del pueblo no debe contar en absoluto. Por eso luego hay votaciones, para que el pueblo decida si esos contenidos programáticos le parecen bien o mal. Yo, como ciudadano, no quiero tener que pensar, debatir y configurar una serie de propuestas de gobierno. Quiero que los partidos políticos lo hagan por mí; yo ya elegiré la alternativa que más me guste. ¿¡Qué demonios es eso de que todos debemos participar en política!? ¿¡Hemos retrocedido dos milenios y medio de repente!?

La democracia es el menos malo de los sistemas de gobierno que hoy en día se pueden permitir las sociedades más avanzadas. Pero es un mal sistema de gobierno, se mire por donde se mire. ¿Cuando entramos en un quirófano preferimos que todo el mundo decida acerca del uso del bisturí o es más conveniente que sólo el cirujano tenga voz y voto? ¿En un avión deben controlar los mandos todos y cada uno de los pasajeros o nos parece más acertado que sólo el piloto los maneje? No nos parece mal que los mejores profesionales (y sólo ellos) sean los encargados de ocupar ciertos puestos en la sociedad. En política es imposible llevar eso a la práctica porque, en cualquier caso, las tiranías y las dictaduras coartan uno de los derechos humanos fundamentales, la libertad. Por eso, a pesar de lo inoperante de la democracia como sistema de gobierno, no nos queda más remedio que recurrir a ella porque el resto de sistemas son peores. De ahí a ensalzarla como un objetivo en sí mismo media un abismo. 

Por favor. Si eres político y me estás leyendo. NO quiero que luches por la democracia. No quiero que la regeneres ni que la defiendas a capa y espada. No quiero que aparezcas en los medios para repetir una y otra vez que la democracia está secuestrada o que lo que necesita este país es más democracia. No quiero que digas que la primera medida que tomarás cuando llegues al gobierno es sentarte a hablar con el pueblo, para saber qué es lo que el pueblo quiere. ¡Demonios! ¡Eso hazlo antes! Quiero que plantees propuestas. Quiero que gobiernes según tu propia opinión (que con anterioridad habrás plasmado en tu programa político). Quiero que hagas de ésta una sociedad mejor. ¡Pero no me preguntes a mí cómo hacerlo! ¡¡El político eres tú, por el amor de Dios!! A mí, por favor, déjame vivir feliz y en paz. ¡Viva la democracia! (sic)


dimarts, 27 de gener del 2015

Me voy a suicidar esta tarde



Me voy a suicidar esta tarde.

- ¿Hmm?

Se percató de repente de lo incómodo que resultaba expresar en voz alta un pensamiento como ése en un lugar público. Se excusó como pudo y abandonó la taberna.


El camino a casa se hizo difícil. Los recuerdos le obligaban a girar la cabeza a cada paso. En aquella calle, ahora asfaltada, dio sus primeros pasos, agarrado de la mano de su madre. Tras la esquina de más allá solía ver aparecer a su padre en aquellas largas tardes de verano con, de vez en cuando, alguna que otra sorpresa para él, al volver del trabajo. Las paredes de un edificio medio en ruinas fueron otrora una portería de fútbol, un castillo encantado o cualquier otro escenario que a unos niños de pocos años de edad se les pudiera imaginar. Allí, en un parque ahora convertido en solar, había conocido a su primer gran amor. Cómo olvidar el primer beso, los primeros cosquilleos en el estómago. Cómo olvidar aquella dura despedida.

Podríamos decir que el barrio era su vida. Había viajado poco; lo suficiente, sin embargo, para darse cuenta de que él pertenecía a allí. Cada piedra de cada muro le contaba una historia en la que él había sido protagonista. Cada persona que había venido y se había marchado había dejado algo bueno en él, una lección de vida. Él era el barrio. Por eso no se explicaba por qué precisamente ahora tenía esa sensación. Los recuerdos, mezclados con la idea de una angustia infinita, luchaban por salir de su cabeza. Sabía que no le quedaba ninguna otra solución. Debía hacerlo ya. Esa misma tarde.


La batalla entre el miedo y la desesperación amenazaba con destruirlo todo aunque, en realidad, lo único que le preocupaba era el dolor que dejaría su ausencia. El llanto de su familia. El pesar de sus amigos. Pero ni eso podía detenerle: había llegado el momento. Tras pensar durante unos minutos cuál sería la mejor opción, decidió apostar por un método clásico. Una altura de un sexto piso debería bastar, pensó. Él había visto asfaltar esa calle que ahora engulliría sus recuerdos para siempre.

El ruidoso tic-tac que sonaba cada vez más fuerte en su cabeza dejó de golpearle por unos segundos. Se vio a sí mismo, feliz, en un futuro inexistente, sin penas ni amarguras. Estaba viendo, por primera vez en su vida, un mundo sin dolor, sin dificultades. Un mundo en el que todo baila al son que uno le marca. Pero todas esas imágenes se resquebrajaron de repente. El tic-tac ululó con más fuerza; más deprisa. Sus piernas, como por un acto reflejo, le acercaron con decisión al balcón. No había vuelta atrás. El dolor debía acabar.

Se asomó. El cielo estaba despejado. El sol no quería perderse el espectáculo y parecía ralentizar su marcha hacia el oeste. La temperatura era agradable. Tomó airé. Lo expulsó poco a poco, de forma entrecortada. Volvió a tomar aire. Ahora sí, decidió. Volvió a soltarlo lentamente. El pulso se le aceleró. Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac.

Ahora. Tomó algo de impulso, dio un pequeño salto y se lanzó al vacío. Pero algo le atenazó las piernas. Las extremidades se le petrificaron. Su cuerpo ya no respondía a su firme voluntad; su cuerpo no quería saltar. A decir verdad, no podía. Fue entonces cuando sus ojos vislumbraron a lo lejos una comitiva. No había mucha gente, pero los conocía a todos. Su familia estaba allí. También todas sus amistades. Había lágrimas, sollozos, gritos desgarrados.

Y había un féretro.


Se le heló el alma.


dissabte, 24 de gener del 2015

Cuando tú no estás



Te echo mucho de menos. ¡No sabes cuánto! ¿Recuerdas aquellos momentos en los que todo a nuestro alrededor se congelaba? Las horas, los segundos, pasaban más lentamente que de costumbre. Nuestros ojos, cerrados, se encontraban en la penumbra. Nuestras manos, entrecruzadas, jugueteaban con el anhelo de un futuro que estábamos a punto de comenzar a recorrer juntos. Los dos, solos tú y yo…

Ahora nada se parece a todo aquello. Queda el recuerdo; un recuerdo perenne, lejano, fabuloso. ¡Oh! ¡Qué pocas cosas pueden llegar tan profundo! Me dejaste una huella que jamás podrá desaparecer; he llegado a ver tu alma y ése es un recuerdo que guardaré en el corazón allá donde el futuro me lleve de ahora en adelante. Me desnudaste tu alma y yo no supe arroparla, darle calor y alumbrarla para ahuyentar todos tus temores. ¡Te debo tantos abrazos! ¡Te debo tanto!

Me has dado más de lo que muchas de las personas que han poblado este planeta jamás soñaron. Nos encontramos por azar; pude ver a través de tus ojos, tocar con tus manos, amar con tu corazón. Pero no supe consolarte en tus malos momentos; no te escuché llorar a lo lejos, no supe atender tu voz ahogada clamando ayuda. Por todo esto ahora debes ponerte en marcha, buscar entre las sombras para aprender que debes dejar volar tus deseos y anhelos. Ten esperanza y da un paso atrás sólo para coger fuerzas. ¡Salta! ¡¡Corre!! ¡¡¡Vuela!!! … Te echo tanto de menos… letra i

 

dijous, 22 de gener del 2015

No sé por qué dejé de escribir



No sé por qué dejé de escribir. Miento: sí lo sé. Hay momentos en la vida en los que uno se limita a ser un observador paciente, pretendidamente neutral. Uno deja de tener cosas que decir y, en consecuencia, las cosas se limitan a pasar.
¿Pero es así como queremos vivir? ¿Queremos simplemente dejar que las cosas sucedan? ¿Realmente no tenemos nada que decir? ¿Es posible que la vida de alguien pueda llegar a ser así de triste? ¡No! ¡Imposible! Tanto tiempo en silencio ha provocado en mí la incómoda sensación de tener más cosas que decir que palabras tiene el lenguaje.
Hay momentos en la vida en los que uno ya no se limita a ser un observador paciente y pierde la pretendida neutralidad. Uno se convierte en actor, toma las riendas de su propio destino y aprende del pasado para construir su propio futuro. Durante estos últimos años he aprendido que siempre estamos en continua evolución, que nunca somos la misma persona que ayer. Siempre somos una persona mejor. También he aprendido que en esta vida lo más importante no es tener la razón y que cualquier persona siempre puede tener algo que enseñarte.
Pero, ¡ah!, esas cosas no son fáciles de asimilar, no es una lección que se aprenda de hoy para mañana. Llega un momento en el que esa persona o aquella situación te hacen aprender a marchas forzadas. De repente, no sabes dónde estás, no entiendes en qué instante dejaste de tener la razón. Y sólo entonces es posible ver con claridad que no podemos mantenernos en una posición estática en nuestra atalaya. La situación nos demanda que hagamos algo diferente, que abandonemos nuestra supuesta objetividad para entender al otro. ¿Será que por fin estoy entendiendo a Lévinas? ¡Quién lo diría!
Por qué dejé de escribir…

dilluns, 21 de setembre del 2009

Països Catalans 85 - Sèrbia 63

Sí, senyors.

Ahir la selecció dels Països Catalans de bàsquet va guanyar la final del campionat europeu contra la selecció sèrbia. Una fita que la selecció espanyola mai no havia assolit.

Tots els periodistes (i no tan periodistes) esportius que hui s'omplin la boca amb la seua selecció espanyola haurien de saber que 8 dels 12 jugadors que l'Scariolo s'emportà a Polònia provenen de la regió europea anomenada "Països Catalans". Pau, Marc, Joan Carles, Ricky, Rudy i Raül són catalans, Víctor és valencià i Sergi és de les Illes Balears.

Quantes vegades hem sentit allò de: "¿Selección de los Países Catalanes esos? ¡Ja, ja! ¡A saber cuántos partidos ganaríais!", referit a qualsevol esport. Doncs mireu, si existís una selecció dels Països Catalans i una altra de la resta de l'estat espanyol, podeu ja eliminar qualsevol dubte al respecte de quina seria millor que l'altra.

Fixeu-vos si voleu en altres esports. Copa Davis de tennis: David Ferrer, Juan Carlos Ferrero, Rafa Nadal, Tommy Robredo... Valencians, mallorquins, catalans... I la selecció de futbol? Xavi, Piqué, Puyol, Capdevila, Cesc, Riera... I en Fórmula 1? Després d'anys de cansament amb el pesat de Fernando Alonso, ara arriba el català Jaume Alguersuari, el pilot més jove en córrer al volant d'un F1. I què dir de la resta d'esports de motor? Pedrosa, Lorenzo, Elías, Barberà, Espargaró...

La discussió sobre el nivell dels esportistes dels Països Catalans acaba, per tant, ací, així i ara. Un altre debat és el xoc de poders per a poder aconseguir llicències per a participar en campionats oficials. Un altre debat és, també, si a banda de l'esport, hi ha molts més motius per a demanar la independència d'esta euro-regió. Però allò que s'ha demostrat amb escreix és que

si els Països Catalans tingueren seleccions esportives pròpies no només no deixarien d'estar al nivell de les millors seleccions del món, sinó que la principal perjudicada seria la selecció espanyola, que deixaria d'estar a primera fila en esports d'importància cabdal com el futbol, el bàsquet, el tennis o el motor.

divendres, 11 de setembre del 2009

Contra el feminisme

Fa un parell de dies vaig veure un fragment d'un debat que feien a Els matins sobre la prostitució. El plantejament era ben senzill: prohibició o regularització?

D'una banda una senyora de la qual no recorde el nom defensava que s'havia de legislar al respecte i fer que la prostitució tingués unes condicions laborals de què ara manca. D'altra banda, l'advocada Lidia Falcón defensava l'abolició definitiva de la prostitució.

Ambdues opinions em semblen respectables, raonables i sensates. Cadascuna de les solucions té avantatges i inconvenients, tant en la seua justificació teòrica com en la seua implementació pràctica. No obstant això, deixe este debat en este punt i em fixe en els "arguments" de la senyoreta Falcón per defensar la seua posició.

Segons esta dona, la prostitució és una forma d'esclavitud de la dona. Com que l'esclavitud és contrària als drets humans, aleshores ha de ser eradicada. Un argument simple i directe. Però fal·laç.

En primer lloc, podem observar una fal·làcia evident en la definició de "prostitució" com a "forma d'esclavitud de la dona". Si això fos així, no tindria cabuda l'existència d'homes que exerceixen la prostitució. "Però són pocs en comparació!" - podríeu dir-me. En efecte, però la seua simple existència mostra la impossibilitat d'utilitzar eixa definició. Com a màxim, podríem dir que "la prostitució, en alguns (molts?) casos deriva en l'esclavitud de la dona." Aleshores, ja no estem atemptant contra la prostitució sinó contra alguna de les seues (contingents) conseqüències.

Ara, una vegada feta esta diferenciació, resta decidir la possibilitat d'eradicar l'esclavitud sense abolir la prostitució. És possible exercir esta professió de manera lliure? O, al menys, de manera tan lliure com els que treballen de fematers, cambrers, paletes, professors, científics...

"Ai, és que les prostitutes tenen eixa faena perquè no poden accedir a cap altra" - direu. Penseu, tanmateix, quants dels vostres coneguts "treballen del que treballen perquè no poden ser futbolistes, artistes, pilots de F1, empresaris multimilionaris..."

Per tant, l'argument de la "llibertat" a l'hora de triar la seua professió cau pel seu propi pes ja que, a la fi, cap de nosaltres és completament lliure en la seua tria (o bé tots ho som en alguna mesura).

"Escolta, i eixe títol?" - preguntareu. M'agrada que em feu tornar a este punt. He titulat esta entrada Contra el feminisme perquè els arguments de la senyoreta Falcón contra la prostitució es basaven, sobretot, en una premissa feminista implícita, del tipus: "tot allò que no siga explícitamente beneficiós per al gènere femení (i en un benefici major que l'obtingut pel gènere masculí) serà considerat injust, inhumà i caldrà lluitar per eradicar-ho". És clarament un pensament explícitament discriminatori i és un dels grans mals de la societat del segle XXI. Fins que les dones no reconeguen el perjudici que el feminisme ha fet durant la seua història, i fins que no aconseguim tots plegats eradicar les feministes de la faç de la Terra, no haurem aconseguit fer un necessari pas endavant en la història del progrés del gènere humà.

Mort al feminisme!

dilluns, 3 d’agost del 2009

Teoria de l'Argumentació

Fa uns anys, durant els meus estudis de Filosofia (que encara no he acabat), vaig cursar una assignatura optativa sobre la Teoria de l'Argumentació. Atret pel nom, pel departament que l'organitzava i pel professor que la impartia, vaig decidir matricular-m'hi.

Els meus companys i jo vam aprendre moltes coses durant el semestre que durava l'assignatura. Vam estudiar (pràcticament fins a memoritzar!) tot el llistat de fal·làcies amb noms en llatí que hom podia cometre al llarg del seu discurs (ad hominem, ad verecundiam, cum hoc ergo propter hoc...). Vam escriure uns assajos argumentatius com a mètode d'avaluació d'una part del curs, tot separant clarament premisses, cos de l'argument i conclusions. Vam disctuir a classe alguns arguments fal·laços típics de polítics i d'altres pertanyents a filòsofs on les fal·làcies eren més difícils de trobar.

Malgrat totes les coses que vam fer durant sis mesos, allò que més va impressionar la meua retina, allò que encara hui recorde amb total nitidesa, és un acudit socarró aparegut en algun diari de tirada estatal que el professor va portar un dia a classe. Era una única vinyeta on dos personatges discutien. Parlaven del "conflicte basc", cadascun d'ells recolzava una de les dues opinions possibles (a favor o en contra del nacionalisme). I el diàleg que mantenien era una cosa així:

Persona 1: "Oye, Patxi, si logro convencerte de que el nacionalismo es la mejor opción política, entonces ¿estarás por fin de acuerdo conmigo?"
Persona 2: "Pues no Iñaki. ¡Ni siquiera en ese caso!"

Una conversa tan curta, un diàleg tan simple, servia per fer adonar-nos del que volia dir realment una "argumentació". L'objectiu d'un discurs argumentatiu, deia el nostre professor, és convéncer l'audiència a qui es dirigeix. I este "convenciment" no és més que el fet que qui ens escolte acabe estant d'acord amb el que nosaltres diem. Si un discurs argumentatiu té èxit, aleshores orador i oient acaben tenint el mateix punt de vista.

Això vol dir que, si en un diàleg alguna de les dues persones té com a premissa no acceptar mai com a bona l'opinió de l'altre, aleshores el diàleg mateix és impossible! Cal dir que, efectivament, esta premissa "anti-" l'opinió de l'altre no és en absolut racional. Perquè, racionalment, dues opinions contradictòries no poden ser veritat alhora: almenys un dels dos interlocutors ha d'estar equivocat. (Dins d'aquesta "equivocació" hi ha tot un ampli ventall de possibilitats: no coincidir en les premisses, haver comés alguna fal·làcia en l'argument, utilitzar llenguatges diferents)

En definitiva, si alguna cosa vam aprendre d'aquella assignatura és que, si volem traure profit d'una discussió argumentativa (racional, òbviament), aleshores hem d'acceptar que existeix la possibilitat d'abandonar la nostra creença si el nostre "oponent" ens convenç que és falsa. Si no acceptem això, millor no discutir i quedar-nos a casa.